WHEN I WAS A DOLCE & GABBANA MODEL


Un chico normal que está viviendo un sueño. Un chico normal, de una familia corriente, que de pequeño ojeaba las revistas de moda con su hermana y observaba el deslumbrante mundo de la moda. Un mundo muy lejano, pero que soñaba con formar parte de él. Ese chico soy yo, y me mudé a Londres persiguiendo ese sueño y sin darme cuenta se empezó a hacer realidad. Empecé este blog, katelovesme.net, para contar anécdotas de mi día a día, como disfrutaba en la universidad, como vivía esas fiestas o qué opinaba de los desfiles que veía a través de los portales de moda o en los que conseguía colarme. Esas opiniones empezaron a hacerse virales, empezaron a importar, y seguidamente las invitaciones a los desfiles empezaron a llegar. Ya no tenía que colarme, de repente estaba sentado en primera fila con gente importante para mi y que admiraba desde aquellos años que os contaba antes. Por aquel entonces, hace casi 10 años, recuerdo llamar desde el hotel a mis amigos para decirles que acaba de estar front row en el desfile de DOLCE & GABBANA muy cerca de Anna Wintour, directora de Vogue America. Al acabar uno de aquellos desfiles me encontré con mi ahora buena amiga Melania Pan, por aquel entonces ella era directora de una reputada revista americana, y me explicó que las firmas sentaban a los asistentes en función de la importancia para ellos. Pues bien, DOLCE & GABBANA me había hecho sentir muy importante, pero no era nada comparado con lo que vendría años después.

Ya no suelo ir a las semanas de la moda. Ahora, sinceramente, disfruto de la moda de otra manera, otra que siempre también me hizo mucha ilusión: Comprando. Bueno, el caso es que cuando recibí la llamada de la directora de marketing de DOLCE & GABBANA para participar en el desfile estaba grabando el programa CÁMBIAME en el que trabajo como estilista y el que me deja muy poco tiempo para viajar. Acepté sin pensarlo y tres semanas después aterrizaba nervioso en Milán junto a mi mejor amigo Juan, que trabaja conmigo desde hacer un par de años. Recuerdo estar más nervioso que ninguna de las otras mil veces que había viajado a Milán solo, sin ayuda, sin comodidades, sin proyectos, solo con ilusiones. Pero ahí está la gracia de la vida.

A esos nervios se sumaron escenas surrealistas como tener al mismo Domenico Dolce preguntándote delante de la colección qué sería lo que más me gustaría llevar o con qué me sentiría más cómodo. Me dí cuenta de que estaba delante de los creadores de tantas colecciones míticas, de tantas tendencias, de tantas imágenes históricas. Intentaba mirar a todos lados y capturar fotográficamente todo lo que ocurría. Tenía en la cabeza a mi compañera Cristina, que me dio un consejo fundamental: Pelayo, mira, MIRA BIEN TODO, no te pierdas nada. A veces se nos olvida mirar. Vivimos todo con tanta prisa y tantos nervios que se nos olvida vivirlo y mirarlo.

El día del desfile madrugamos tanto que casi no me dio tiempo a dormirme. Nada más llegar a METROPOL, donde siempre tienen lugar los desfiles de DOLCE & GABBANA nos dieron a todos los modelos (me sentía como Carrie Bradshaw en su debate moral entre persona real o modelo), unos calzoncillos y una bata de seda negra de la firma. Pasé por las manos de la maquilladora Pat McGrath y su equipo. Maquilladora de los desfiles y las campañas más importantes del mundo. Y lo mismo con el pelo, tuve al mismísimo Guido peinándome. Para muchos estos nombres os sonarán a chino y os darán igual, pero creerme, para mí, para los que amamos la moda, fue un momentazo! Los minutos antes de desfilar, cuando ya todos estábamos en fila Stefano se acercó a hablar conmigo y recordamos entre risas la primera vez que nos conocimos, cuando ellos empezaron a invitar a los bloggers a sus primeras filas y todo era nuevo a ambos lados: Para los bloggers y para los diseñadores. Se ponía en duda constantemente esa simbiosis y bueno, diez años más tarde está más que claro de la labor que hacemos los influencers en la moda. ¡Incluso ahora nos ponen a desfilar! Mi sensación era de orgullo a la vez que rara. Todos los que estaban allí eran alguien, quiero decir, a mi lado estaba el hijo de Cindy Crawford, delante el de Pamela Anderson, las hijas de Stallone, o el nieto de Bob Dylan. Y volví a pensar: Pues eso, soy un chico normal que vive un sueño, que suerte tengo!

Ese desfile lo hice por todos los chicos que tienen un sueño. Ya sea en la moda, en arquitectura, en medicina. También lo hice por todos los que sufrimos bullying en el colegio, incluso lo hice por los que me llamaban enano y maricón (no he visto a ninguno de ellos desfilar, ni siquiera les he visto triunfar en la vida). Cualquier sueño es posible por muy lejano que lo veamos, por muy imposible que parezca. Luchad por lo que os mueve, por lo que os hace sentir, y no dejeis que nadie os diga que no lo conseguireis, sino que eso os haga más fuertes y os acerque a vuestro objetivo.